Cuentos surrealistas para mujeres reales

Intérpretes: Gala García-Cuerva, Gema Zancada y Nani Rodríguez.
Autor y director: Antonio Zancada.
Música: Juan Manuel Latorre (Miembro de Vetusta Morla).
Iluminación: Martín Egeido.
Estilismo: Raquel Rodríguez.
Espacio sonoro: José Bornás.
Ayudante producción: Arancha Fernández.
Técnico en sala: David de Diego.
Ayudante de estilismo: Roldan González González.
Colabora: Fitnessromo.
Hora: 22:30h 
Días: Del 30 de noviembre al 26 de enero, viernes y sábados 
Precio: 14€ 


Sinopsis:


Tres mujeres se meten en la piel de 24 contando los hechos, surrealistas o no, que marcaron su existencia. Nada es como parece, mujeres que se comportan como se espera, mujeres inesperadas, mujeres que piensan como hombres, hombres que no importan, mujeres que se dan importancia, prejuicios que se vencen, se tocan y se recolocan, locas que se vuelven cuerdas y cuerdas que  enloquecen. Personas que, independientemente de su género, hablan como personas y sobre personas, el amor y una tal Marciana de Plutón.




Crítica:

El espacio de la sala Triángulo es cómodo y cercano. No hay un escenario alzado, sino que se mira desde unas butacas, estilo cine. El teatro es cine en 3-D, asique es un lugar idóneo.
“Cuentos surrealistas para mujeres reales” es un canto a la igualdad, que se sentencia con una frase de Gema Zancada, que en el primer sketch es Eva, (la de Adán y Eva): “Nací mujer y no me siento especial”. El adjetivo de surrealistas les viene al pelo porque realmente te sientes descolocado, como espectador. En primer lugar, por los rápidos cambios de escena (3 mujeres interpretan a 24, imagínense) y, en segundo lugar, por lo irreal, estrambótico, excéntrico, raro y surrealista que puede llegar a ser cada sketch (desde vender niños, tener relaciones íntimas con electrodomésticos, miss universos que no quieren la paz mundial o abuelas que planean robar bancos mientras juegan al cinquillo).
Esta obra es una oda a la mujer con sus defectos y sus virtudes donde destaca, sobretodo, la música que nos lleva de una escena a otra grácilmente y la voz en off que nos introduce en cada historia. Sin apenas darnos cuenta, hemos cambiado de sketch. Hay interacción con el público, que hace que todo sea más cercano. Y, destacar también, los rápidos cambios de ropa, algo que, imagino habrá que agradecer a las personas encargadas de estilismo y vestuario. Debido a estos fugaces interludios, las actrices no pueden concentrarse al 100%, de manera que no eran muy distintos unos personajes de otros.
En definitiva, es una obra recomendable para pasar un buen rato y echar unas risas. Eso sí, si te consideras misógino…ni te acerques.

Por: María Inmaculada Mota Rodríguez.


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