Todo cambia... menos mi madre de Miguel Miguel




Crítica:

Miguel Miguel, reconocemos que nos presentamos en el Teatro Arlequín, sin saber prácticamente nada de la obra de este genio. No fue por falta de interés, si no por convicción, ya que nos gusta disfrutar vírgenes de los espectáculos en directo, para sorprendernos tanto para bien como para mal.

Miguel Miguel no es solo un gran humorista, es también mago, y ha ido perfeccionando su show hasta llegar al punto de presentarnos esta hora y media de risas y sorpresas ininterrumpidas. Han sido muchos años de bares y monólogos hasta tener por una noche a la semana el escenario de este mítico teatro de la Gran Vía de Madrid para el solo.

Sus trucos, que los intercala perfectamente entre las historias que siempre ha contado, dejan al público boquiabierto y no es para menos, pues sabe desviar perfectamente la atención para que no te des cuenta de lo que esta pasando. 




Sin lugar a dudas si queréis pasar un muy buen rato la noche del Miércoles, no dudéis en ir a ver a este pequeño de casi dos metros. que con su tono infantil os hará sentiros totalmente identificados, pues la madre de Miguel Miguel, es como la nuestra.

Además, a parte de buen cómico Miguel Miguel es un tío cercano, agradable, con el cual tuvimos el placer de tratar antes de ir a verle y nos atendió con total predisposición. Sabemos que llegara lejos, es muy bueno y solo podemos decirle humildemente que no cambie, porque pequeños gestos como el ir a despedir a la puerta del teatro y regalar chapas de la función a los que estuvieron presente son los que hacen a un artista grande. 








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